Notas las piernas frías, te duelen al caminar o tienes una herida en el pie que no termina de curar. Detrás de esas señales puede estar la arteriopatía periférica, una enfermedad en la que las arterias de las piernas se estrechan y llega menos sangre. Aquí tienes una visión de conjunto: qué es, cómo se manifiesta y cuándo conviene consultar.
¿Qué es la arteriopatía periférica?
La arteriopatía periférica es el estrechamiento de las arterias que llevan sangre a las piernas, casi siempre por aterosclerosis. Al llegar menos riego, el músculo duele al caminar y, en fases avanzadas, pueden aparecer heridas que no cicatrizan o dolor nocturno en la pierna con el decúbito. Es el mismo proceso que afecta al corazón, pero localizado en las piernas.
La aterosclerosis es el depósito de placas de colesterol y otros materiales en la pared de la arteria. No es un problema aislado del pie o de la pantorrilla: ocurre de manera sistémica. Por eso, cuando las arterias de las piernas están afectadas, tus arterias del corazón y del cerebro pueden estar también dañadas. Entender esto ayuda a ver por qué el tratamiento va más allá de la pierna.
Primeras señales que conviene vigilar
La arteriopatía periférica avanza despacio y al principio da pocas pistas. Con el tiempo, la falta de riego se manifiesta en la piel, en la temperatura del pie y en la forma de caminar. Estas son las señales más frecuentes:
- Frialdad y palidez de un pie o una pierna respecto al otro lado.
- Dolor al caminar en la pantorrilla, el muslo o la nalga, que obliga a parar y desaparece con el reposo. Es la llamada claudicación intermitente.
- Heridas o úlceras que no cicatrizan en los dedos, el pie, el talón o el tobillo.
- Piel fina y brillante, caída del vello de la pierna o uñas que crecen despacio.
- En fases avanzadas, dolor en reposo, sobre todo por la noche y que obliga a dejar el pie colgando fuera de la cama o a dormir sentado.
Que el dolor de gemelos al andar ceda al parar es una pista bastante característica. Lo desarrollamos en la guía sobre el dolor de piernas al caminar. Aun así, no toda molestia en la pierna es arteriopatía: por eso importa la valoración de un especialista.
¿Por qué aparece? Factores de riesgo
La arteriopatía periférica aparece cuando la aterosclerosis daña la pared de las arterias. Hay factores que aceleran ese daño. Algunos no se pueden cambiar, como la edad o los antecedentes familiares, pero la mayoría sí se pueden controlar, y ahí está la clave para frenar la enfermedad.
- Tabaco. Es el factor de riesgo más determinante y modificable. Dejar de fumar es la medida que más cambia el pronóstico.
- Diabetes. El azúcar mal controlado daña las arterias y los nervios, y complica la curación de las heridas del pie.
- Hipertensión arterial. La presión alta mantenida castiga la pared de las arterias.
- Colesterol elevado. Alimenta el depósito de placas de aterosclerosis.
- Enfermedad renal crónica. Se considera un factor de riesgo cardiovascular por sí mismo.
Controlar estos factores no solo protege tus piernas: protege también el corazón y el cerebro, porque la enfermedad es la misma en todo el árbol arterial.
La arteriopatía periférica es un aviso del estado de todas tus arterias. Cuando trato una pierna, no miro solo la pierna: miro el riesgo cardiovascular completo del paciente. Dejar de fumar y controlar los factores de riesgo cardiovascular cambian el pronóstico más que cualquier técnica.
Las fases de la enfermedad
Los especialistas describen la arteriopatía periférica por fases, según cuánta falta de riego hay. Una de las formas clásicas de ordenarlas es la clasificación de Fontaine. La enfermedad progresa de menos a más, y cuanto antes se actúa, mejor.
| Fase | Qué notas |
|---|---|
| Inicial | Las arterias ya están estrechadas, pero aún no hay síntomas claros. |
| Claudicación | Dolor al caminar cierta distancia, que cede al parar. |
| Dolor en reposo | La pierna o el pie duelen incluso sin moverte, tumbado por la noche, y dificultan el descanso nocturno. |
| Lesiones | Aparecen heridas, úlceras o zonas de piel que no cicatrizan por falta de riego. |
Pasar de una fase a otra no es inevitable ni ocurre siempre: con un buen control de los factores de riesgo, muchas personas se mantienen estables durante años. La progresión depende de cada caso.
Cuándo consultar y qué puede hacer el especialista
Conviene consultar cuando notes dolor al caminar que se repite, frialdad o palidez de una pierna, o cualquier herida en el pie que no cicatrice en un par de semanas, así como dolor en el pie que dificulta el descanso nocturno. Si tienes diabetes o eres fumador, el umbral para pedir cita debería ser más bajo, porque el riesgo es mayor.
El especialista en Angiología y Cirugía Vascular confirma el diagnóstico con la exploración de los pulsos y una prueba sencilla e indolora, el índice tobillo-brazo, que compara la presión del tobillo con la del brazo. Si hace falta, se completa con ecografía Doppler u otras pruebas de imagen.
A partir de ahí, el tratamiento se ajusta a tu fase. Habitualmente empieza por controlar los factores de riesgo y un programa de ejercicio, apoyado con fármacos que disminuyen el riesgo de eventos cardiovasculares adversos. Cuando el riego está muy comprometido, se valora restablecerlo: por técnicas endovasculares mediante cateterismo (por ejemplo, angioplastia, stent u otras técnicas) o mediante cirugía abierta con bypass u otras técnicas. Tienes el detalle en la página de tratamiento de la enfermedad arterial periférica.
En resumen
La arteriopatía periférica es el estrechamiento de las arterias de las piernas por aterosclerosis, un proceso que afecta a todo tu árbol arterial. Sus señales van de la frialdad y el dolor al caminar hasta las heridas que no curan. La buena noticia es que se controla: dejar de fumar y tratar la diabetes, la tensión y el colesterol frenan su avance. Si reconoces alguna de estas señales, una valoración vascular a tiempo marca la diferencia. Y ante un pie frío, pálido y muy doloroso de aparición brusca, acude a urgencias.