Enfermedad arterial periférica

Claudicación intermitente: por qué te duelen las piernas al caminar

El dolor de piernas al caminar que cede al pararte tiene nombre y causa. Te explicamos por qué ocurre, cuándo es una urgencia y qué solución tiene.

Por Dr. Vicente Mosquera ·30 jun 2026 · 8 min de lectura

Lo esencial

  • La claudicación intermitente es un dolor en las piernas que aparece al caminar y desaparece al parar; suele indicar enfermedad arterial periférica.
  • El dolor surge porque las arterias estrechadas no llevan suficiente sangre al músculo cuando hace esfuerzo.
  • Si el dolor aparece también en reposo o hay heridas que no cicatrizan, es una señal de alarma: consulta pronto.
  • Dejar de fumar, caminar a diario y controlar tensión, azúcar y colesterol es la base del tratamiento; los casos avanzados se revascularizan.

Contenido informativo y divulgativo, revisado por el Dr. Vicente Mosquera. No sustituye la consulta, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario.

Notas un dolor en la pantorrilla cuando llevas un rato caminando y se quita en cuanto te paras. Vuelve siempre más o menos a la misma distancia. Ese patrón tan característico tiene nombre: claudicación intermitente, y suele ser la primera señal de que las arterias de tus piernas no llevan toda la sangre que necesitan.

Qué es la claudicación intermitente

La claudicación intermitente es un dolor muscular en las piernas que aparece al caminar y desaparece con el reposo. Afecta sobre todo a la pantorrilla, aunque también puede notarse en el muslo o el glúteo. Es el síntoma más típico de la enfermedad arterial periférica.

Se dice que es «intermitente» porque el dolor va y viene: llega con el esfuerzo y se calma con el descanso. Por eso muchas personas se paran disimuladamente ante un escaparate para que se les pase, un gesto tan frecuente que el cuadro se conoce popularmente como síndrome del escaparate.

Por qué se produce

Cuando caminas, los músculos de la pierna necesitan más sangre y más oxígeno. Si una arteria está estrechada, no puede aumentar el caudal lo suficiente. El músculo trabaja con poco oxígeno y avisa con dolor. Al pararte, la demanda baja, llega sangre suficiente y el dolor cede.

Ese estrechamiento se debe casi siempre a la aterosclerosis: la acumulación de placas de colesterol, grasa y calcio en la pared de la arteria. Es la misma enfermedad que afecta a las arterias del corazón. Por eso tener claudicación también es un aviso para vigilar la salud cardiovascular global.

Los factores que más la favorecen son el tabaquismo, la diabetes, la hipertensión y el colesterol alto. El tabaco es, con diferencia, el más determinante.

Dr. Vicente Mosquera Rey

La claudicación no es solo un problema de piernas: es la señal visible de que las arterias están enfermas probablemente de manera sistémica. Tratarla a tiempo mejora la movilidad y, sobre todo, protege el corazón y el cerebro.

— Dr. Vicente Mosquera Rey, médico especialista en Angiología y Cirugía Vascular y Endovascular

El «síndrome del escaparate» y sus grados

La enfermedad arterial periférica se clasifica por etapas según la intensidad de los síntomas. La más usada es la clasificación de Fontaine, que ayuda a entender en qué punto está cada persona.

GradoQué se sienteQué significa
ISin síntomasHay estrechamiento, pero el riego aún es suficiente.
IIClaudicación intermitenteDolor al caminar que cede al parar. La pierna recibe sangre suficiente en reposo, pero no durante el esfuerzo.
IIIDolor en reposoDolor incluso sentado o tumbado, a menudo de noche. El riego es insuficiente todo el tiempo.
IVHeridas o gangrenaAparecen úlceras que no cicatrizan o tejido necrosado. Es la fase más avanzada.

La claudicación intermitente se sitúa en el grado II. Es la fase en la que más se puede hacer para frenar la enfermedad, por eso conviene no normalizar el dolor ni atribuirlo solo a la edad.

Señales de alarma: cuándo es urgente

El paso de la claudicación a las fases graves (grados III y IV) se conoce como isquemia crítica de los miembros. En esa situación la pierna está en riesgo y la valoración no debe demorarse. Vigila estas señales:

  • Dolor en reposo, sobre todo en el pie y por la noche, que mejora al colgar la pierna fuera de la cama.
  • Heridas o úlceras en los dedos o el pie que no cicatrizan.
  • Pie frío, pálido o azulado, o zonas de piel oscurecida.
  • Pérdida brusca de fuerza, frialdad y palidez de aparición súbita: en ese caso, acude a urgencias, porque puede ser una obstrucción aguda.

Cómo se diagnostica

El diagnóstico empieza por la historia clínica y la exploración de los pulsos de la pierna. La prueba inicial más sencilla es el índice tobillo-brazo, que compara la presión arterial del tobillo con la del brazo y orienta sobre el grado de obstrucción. Es indolora y no invasiva.

Para localizar con precisión dónde y cuánto está estrechada la arteria se usan el eco-Doppler y, si hace falta planificar un tratamiento, pruebas de imagen como el angio-TAC. Con esa información se decide el enfoque adecuado.

En ocasiones es necesario hacer un diagnóstico diferencial con otras patologías que cursan con una clínica parecida, como la claudicación neurógena, que también afecta a los miembros inferiores y puede ser invalidante.

Qué tratamiento tiene

El primer tratamiento no es el quirófano: es cambiar lo que daña las arterias. Dejar de fumar es la medida más eficaz. A ello se suma un programa de ejercicio (caminar hasta que aparece el dolor, descansar y repetir), el control de la diabetes, la tensión y el colesterol, y la medicación que paute el especialista.

Cuando la claudicación limita mucho la vida diaria o se llega a la isquemia crítica, se valora restablecer el flujo de la arteria. Existen técnicas endovasculares mínimamente invasivas (por ejemplo, angioplastia o stent, mediante un cateterismo) y, en casos seleccionados, cirugía mediante bypass u otras técnicas. Puedes ver el detalle en la página de tratamiento de la enfermedad arterial periférica.

En resumen

Un dolor de piernas que aparece al caminar y se va al parar no es algo «normal de la edad»: es un aviso de que tus arterias pueden estar enfermas. Cuanto antes se valore, más opciones hay de frenar la enfermedad sin llegar a las fases graves. Si te reconoces en este patrón, pide una valoración vascular y revisa con el especialista tu riesgo cardiovascular completo.

Preguntas frecuentes

¿La claudicación intermitente se cura?

No siempre se «cura», pero sí se controla muy bien. Dejar de fumar, caminar de forma pautada y tratar los factores de riesgo frena la enfermedad y mejora la distancia que puedes andar. En casos avanzados, la revascularización restablece el flujo.

¿Qué distancia es normal antes de que aparezca el dolor?

Varía mucho de una persona a otra. Lo relevante no es una cifra exacta, sino que el dolor aparezca siempre a una distancia parecida y mejore al parar. Si cada vez puedes andar menos, conviene una valoración.

¿Es lo mismo que tener mala circulación?

«Mala circulación» es un término genérico. La claudicación intermitente es un síntoma concreto de un problema arterial (falta de riego al esfuerzo), distinto de los problemas venosos como las varices o la pesadez de piernas.

¿A qué especialista debo acudir?

Al angiólogo y cirujano vascular, el médico que diagnostica y trata las enfermedades de las arterias y las venas. Puede confirmar el diagnóstico con pruebas no invasivas y plantear el tratamiento adecuado a tu caso.

Más información sobre el tratamiento: Enfermedad arterial periférica.

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