El pie diabético preocupa por una razón concreta: es el resultado de dos problemas que a menudo se suman. Uno es la pérdida de sensibilidad; el otro, la mala circulación. Y es precisamente el riego el que decide si una herida del pie va a cicatrizar o no, aunque no es el único factor.
Dos problemas que se juntan
En la diabetes, con el tiempo, pueden aparecer dos alteraciones en el pie:
- Neuropatía: pérdida de sensibilidad. El pie deja de avisar del dolor, así que las heridas, rozaduras o quemaduras pueden pasar desapercibidas, pudiendo progresar y complicarse con sobreinfecciones.
- Isquemia: falta de riego. Las arterias de la pierna y el pie se estrechan y llega menos sangre.
Cuando se combinan, una pequeña lesión que no se nota y que además no recibe suficiente sangre puede convertirse en una úlcera que no cierra.
Por qué el riego lo cambia todo
Una herida solo cicatriza si le llega sangre suficiente: es la que transporta el oxígeno y los elementos que reparan el tejido y combaten la infección. Si el aporte está reducido por unas arterias estrechadas u ocluidas, la herida se estanca. Por eso, ante una úlcera del pie diabético, valorar la circulación es prioritario: no basta con curar la herida por fuera si por dentro no llega riego.
Señales de que puede faltar riego
Conviene consultar si notas en el pie o la pierna:
- Una herida o úlcera que no cierra en semanas.
- Pie frío, pálido o con cambios de color.
- Dolor en el pie en reposo, sobre todo de noche, o en las pantorrillas al caminar.
- Falta de vello en las piernas o uñas que crecen mal o se resquebrajan.
Lo desarrollamos en el artículo sobre las señales de falta de riego en el pie del diabético.
En el pie diabético mi papel es claro: comprobar si llega sangre y, si no llega, restablecer el riego en los casos indicados. Una úlcera con curas adecuadas por fuera normalmente no cicatriza si por dentro el pie está isquémico. La circulación es la base.
La revascularización
Cuando las arterias están estrechadas y comprometen la cicatrización, el objetivo es restablecer el riego. Hoy muchas veces se hace por vía endovascular, mediante un cateterismo con angioplastia o stent, y en otros casos con cirugía mediante bypass u otras técnicas. La opción se decide según dónde y cómo estén las arterias. El propósito es que llegue sangre suficiente para que la herida cierre y para evitar complicaciones mayores. Tienes el contexto en la página de pie diabético.
Este abordaje vascular se combina con el cuidado de la herida, el control de la diabetes y, muchas veces, la adaptación de calzado y plantillas a medida del paciente.
En resumen
El pie diabético suma pérdida de sensibilidad y, en muchas ocasiones, falta de riego, y es la circulación la que decide si una herida cicatriza. Por eso, ante una úlcera que no cierra, valorar el riego es prioritario. Cuando falta, la revascularización —endovascular o quirúrgica— restablece el aporte de sangre y mejora la cicatrización. Consultar pronto es lo que más ayuda a evitar complicaciones.