El pie avisa cuando le falta riego, pero no siempre con dolor. Reconocer las señales de mala circulación en los pies es especialmente importante si tienes diabetes, porque detectarlas a tiempo permite actuar antes de que aparezcan complicaciones.
Las señales a las que estar atento
- Pie frío, pálido o con un tono azulado.
- Dolor en reposo, sobre todo de noche, que mejora al colgar la pierna fuera de la cama.
- Piel fina y brillante, caída del vello y uñas que crecen mal.
- Heridas, rozaduras o grietas que tardan en cerrar.
- Claudicación intermitente: dolor típicamente en los gemelos o en las plantas de los pies, que cede al parar.
Ninguna de ellas es exclusiva de la falta de riego, pero cuando se juntan varias —o aparecen en una persona con diabetes— merecen una valoración.
Por qué la diabetes lo complica
En la diabetes hay un factor que enmascara el problema: la neuropatía o pérdida de sensibilidad. El dolor, que normalmente sería la señal de alarma, se nota menos o no se nota. Así, una herida puede avanzar sin que te des cuenta y la falta de riego pasar desapercibida hasta que hay una úlcera. Por eso conviene revisar los pies con regularidad, aunque no duelan, y consultar ante cualquier lesión que no cierre. Lo vemos en el artículo sobre el pie diabético y la mala circulación.
A mis pacientes diabéticos les pido que miren sus pies frecuentemente: con rutina, aunque todo parezca bien. Las úlceras pasan muchas veces desapercibidas y constituyen una vía de entrada de bacterias que condicionan la sobreinfección. La detección precoz es clave e influye en el pronóstico del pie.
Cómo se comprueba el riego
La valoración vascular es sencilla e indolora. Se exploran los pulsos del pie, se mide el índice tobillo-brazo —que compara la presión en el tobillo y en el brazo— y se realiza un eco-Doppler para ver cómo circula la sangre. Si se detecta una falta de riego, se estudia dónde está el problema y qué tratamiento conviene.
Qué hacer
Si reconoces estas señales, consulta para valorar la circulación; no esperes a que aparezca una herida. Detectar a tiempo la falta de riego permite tratarla —incluida la revascularización cuando hace falta— y prevenir complicaciones. Tienes el contexto en la página de pie diabético, y conviene actuar pronto ante una úlcera que no cierra.
En resumen
La falta de riego en el pie da señales —pie frío, dolor en reposo o en los gemelos al caminar, piel fina, heridas que no cierran— que conviene reconocer, sobre todo con diabetes, donde la pérdida de sensibilidad puede ocultarlas. Revisar los pies con regularidad y consultar ante estos avisos permite detectar el problema a tiempo. Una valoración vascular sencilla comprueba si llega bien la sangre.